Page 290 - Hijos del dios binario - David B Gil
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también se asomó al abismo. Ambos
permanecieron en silencio, como si trataran de
encontrar su propio reflejo en un estanque.
—Esto te gusta tan poco como a mí, ¿verdad?
—suspiró ella.
—¿A qué te refieres? ¿Acaso no te gusta lo que
haces para Inamura?
Clarice se echó el aliento en las manos y las
frotó con energía intentando que no perdieran el
calor. Una sombra de melancolía había asomado a
su rostro.
—Nunca he tenido la oportunidad de elegir —
dijo por fin—. Pero no me hagas caso, ha sido una
noche larga. Deberíamos irnos a descansar, mañana
volaremos a Tokio.
—Me temo que deberás volar sola. Tengo
asuntos más urgentes en Madrid.
Clarice levantó una ceja y su expresión perdió
todo rastro de abatimiento.
—¿Otra vez juegas al lobo solitario? ¿No
puedes ponerme las cosas fáciles, aunque solo sea
en agradecimiento por haberte sacado con vida de
Tel Aviv?
—Dile a Denga que puede estar tranquilo, lo
que tengo que hacer en Madrid nos incumbe a
todos.
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