Page 347 - Hijos del dios binario - David B Gil
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—Parece que haga llamadas al azar —observó
al cabo de un rato.
La muchacha ladeó la cabeza ante el
comentario.
—Más o menos. Estamos percutiendo sobre el
firewall del servidor.
—¿Como si intentáramos echar abajo una
pared? —preguntó Alicia.
—Más bien como si llamáramos a distintas
puertas, a ver si alguien se ha dejado alguna
abierta.
En ese instante el gemido cesó y en la pantalla
aparecieron dos filas de parámetros.
—Bien, hay dos puertos escuchando —señaló
GhostHost—, utilizaré una suite SSH para intentar
hablar con la bestia. Veamos en qué idioma me
responde.
La muchacha ni siquiera alardeaba, hablaba
para sí, abstraída en su tarea, saboreando el reto.
Tanto que apenas decía palabras malsonantes.
Manipuló una serie de aplicaciones y cerró algunas
ventanas superpuestas. Finalmente, sobre el
inmenso monitor de sesenta pulgadas se desplegó
una ventana sencilla y rudimentaria que solicitaba
nombre de usuario y clave. En otra ventana
paralela se mostraba información sobre la
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