Page 345 - Hijos del dios binario - David B Gil
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—¿Para qué sirve? —preguntó Alicia.
—Para borrar nuestro rastro —murmuró la
muchacha, abstraída—. Veamos qué víctimas
propicias tenemos hoy.
—¿Borrar nuestro rastro? ¿Cómo lo hace?
—Elige un país —dijo GhostHost, ignorando su
pregunta—: ¿Nueva Zelanda o Corea?
—No sé... ¿Nueva Zelanda?
—Muy bien, vámonos a Nueva Zelanda —
marcó unos parámetros incomprensibles para
Alicia y filtró unos cuantos resultados. En el
monitor apareció el escritorio de un sistema
operativo doméstico. El fondo de pantalla era la
foto de unos niños jugando en una piscina—. Bien,
ya estamos dentro.
—¿Dentro de qué, del servidor?
La chica la miró meneando la cabeza. Parecía
haber dicho una estupidez incomprensible.
—No, del ordenador de... —miró a la
pantalla— Mary Jessica, una amable ciudadana de
Auckland. Apuesto a que esos de ahí son sus
hijos..., o sus nietos, vete a saber.
—¿Has entrado en un ordenador personal de
Nueva Zelanda?
—Exacto. Ella será nuestra anfitriona esta
noche, todo lo que hagamos lo haremos desde la
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