Page 143 - SALUD Y JUVENTUD
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A lo largo de los tiempos, la piedra ha sido testigo de
grandes civilizaciones que construyeron y escribieron sobre
ella, su vida y su cultura.
Las Pirámides, la Esfinge, los monumentos y tumbas, así
como las escrituras sobre las paredes y las columnas de los
templos, nos muestran la importancia que los antiguos egipcios
dieron a las piedras. Sabían que la roca podía perpetuar su
sabiduría.
No podemos separar al hombre de las piedras, de los
astros, de las plantas o del agua, de la tierra o del fuego, porque
es un ‘Todo’. Ese Todo es nuestro Universo y el hombre
pertenece a la gran cadena mágica de la Vida. Su existencia
es limitada y en ella tiene que llegar con su capacidad, con su
inteligencia, con sus sentimientos y su espiritualidad, a
completar ese ciclo. Tiene que avanzar y ese avance entregarlo
a la nueva generación.
Frente a sus limitaciones, el ser humano intenta encontrar
su relación con la vida de la piedra, con su eternidad. Yo mismo
he sentido esa inquietud y busqué hacer mis propias piedras.
Me siento orgulloso de haberlo logrado, de haber podido de
esa manera eternizar mi fe, el sentimiento que como místico
llevo dentro de mi corazón, de mi alma.
El místico desde siempre buscó ese simbolismo de
eternidad y por eso la piedra estaba presente en las principales
ceremonias de los antiguos Sacerdotes Iniciados. Hacían sus
piedras y en su fórmula colocaban parte de su vida: cabello,
saliva, gotas de sangre. También mezclaban ceniza de ramas
que ellos mismos quemaban, como si fuera un ritual de
purificación. En él buscaban “quemar” sus aspectos
negativos, su egoísmo, su vanidad y tantas cosas de las que el
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