Page 55 - SALUD Y JUVENTUD
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Entonces mi padre me oyó y vino hasta mi cuarto. Me
pidió que lo acompañara hasta su escritorio y me dijo que lo
que íbamos a hacer, no podía contárselo a nadie.
Me sentó en su silla y señaló la ventana.
-“ Mira hacia afuera. Cuando yo te diga, vas a ver al ángel
acompañando a Berel”.
No sé si me hipnotizó o fue sugestión, pero nunca voy a
olvidar aquella luminosidad tan grande que vi en la ventana.
Mi padre dijo:
-“¿Ves cómo vive? Ahora es feliz. Despídete de él...”
-“Adiós, Berel. Adiós...”
Se veía feliz y contento... de eso nunca me voy a
olvidar.
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