Page 85 - SALUD Y JUVENTUD
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chico me dijo que por ahí pasaba una caravana, que tal vez
ellos pudieran ayudarme.
-¿Y cuándo viene la caravana?
-A la puesta del sol vienen siempre a este pozo. Son los
dueños y nadie más puede sacar agua de él.
Yo miraba y miraba al horizonte y no aparecían. De
pronto el niño árabe señaló:
-¡Allá están...!
Ese niño beduino veía en el desierto lo que el ojo occidental
no llega a distinguir. Aunque me esforzaba, no conseguía
divisar nada en la dirección que él señalaba.
Cuando al fin pude verlos, me sorprendí. Era una caravana
muy moderna, los camellos los llevaban en camiones y ellos me
acercaron a El Cairo.
A pesar de no entender totalmente el dialecto de aquellos
beduinos, pude comunicarme muy bien, en especial con uno
de ellos. Me habló sobre una estrella que en pleno desierto se
pone de un color rojo parecido al del sol del atardecer.
Me contó que su abuelo le había advertido que no la
mirara, porque atraía a las personas para llevárselas y que ya
muchos habían desaparecido por esa estrella roja.
Aquel árabe me dejó pensando. De noche, ya en el hotel,
medité mucho sobre lo que me había hablado. Tal vez, en
esencia hubiera una verdad en esa historia.
¿Cómo desapareció Moisés, que nunca se supo dónde
está su tumba? Recordé la obra de Isaac Lembert ‘La visión
de Moisés’ que habla sobre el aura especial que el Profeta
adquirió después del episodio en el Sinaí, donde fue
‘iluminado’ y cuando entregó las Tablas de la Ley, resplandecía
como un sol.
Vinieron a mi mente otras interpretaciones sobre el
encuentro con Dios que tuvo Moisés, transformándolo en un
ser no terrestre.
Se dice que luego de esa experiencia no tocaba a nadie.
Tenía ‘electricidad’ o algo especial en sus manos por haber
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