Page 311 - La Era Del Diamante - Neal Stephenson
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Finalmente estaba Pteranodon, que podía volar. Todos

              viajábamos  juntos  en  una  pequeña  manada.  Para  ser

              honestos, nuestra banda había estado compuesta por un


              par de cientos de dinosaurios, la mayoría comedores de

              plantas, similares a los ornitorrincos, pero Utahraptor y

              yo nos habíamos visto obligados a comernos a la mayo‐


              ría; sólo unos pocos cada día, por supuesto, por lo que al

              principio  no  se  dieron  cuento  porque  no  eran  muy


              inteligentes.

                 Finalmente  su  número  quedó  reducido  a  uno,  un

              personaje  demacrado  y  valiente  llamado  Everert,  que


              intentamos  que  durase  todo  lo  posible.  Durante  esos

              últimos  días,  Everett  buscaba  a  sus  compañeros  a  su


              alrededor. Como todos los vegetarianos, tenía ojos a los

              lados de la cabeza y podía ver casi en todas direcciones.

              Everett parecía pensar que sólo con girar la cabeza en la


              dirección  adecuada,  un  grupo  de  ornitorrincos

              saludables  aparecería  ante  su  vista.  Al  final,  creo  que

              Everett sumó dos y dos; le vi parpadear sorprendido una


              vez, como si por fin la luz le hubiese entrado en lo cabeza,

              y el resto del día estuvo muy tranquilo, como si su media

              docena  de  neuronas  estuviese  calculando  las


              implicaciones. Después de eso, mientras recorríamos  el

              territorio quemado en el que Everett no tenía nada que


              comer,  se  volvió  más  decaído  y  lloroso  hasta  que

              finalmente Utahraptor perdió los nervios, lo partió con


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