Page 18 - La Era Del Diamante - Neal Stephenson
P. 18
único inconveniente era que el montón de
pequeños pinchazos le volvían tenso y
predispuesto a los espasmos. Se había
acostumbrado, pero todavía le causaban una cierta
inestabilidad cuando iba en patines, especialmente
cuando corría a cien kilómetros por hora por una
calle repleta. Pero pocos se metían con Bud,
incluso cuando los derribaba en la calle, y después
de hoy nadie se volvería a meter con él nunca más.
Bud había terminado, sorprendentemente sin un
arañazo, su último trabajo —cebo— con unos mil
yuks en el bolsillo. Se había gastado un tercio en
ropas nuevas, en su mayoría cuero negro, otro
tercio en los patines, y estaba a punto de gastarse
el tercio final en la modería. Por supuesto, podían
conseguirse pistolas craneales mucho más baratas,
pero significaría atravesar la Altavía hasta
Shanghai y comprar un trabajo clandestino a algún
costero, pero probablemente sacar también una
18

