Page 202 - La Era Del Diamante - Neal Stephenson
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hasta  cargueros,  aeropuertos.  Hackworth  había


              disfrutado de San Francisco, y no era inmune a sus


              encantos, pero Atlantis/Shanghai le había imbuido


              con la sensación de que todas las viejas ciudades


              del  mundo  estaban  condenadas,  a  no  ser  posi‐

              blemente como parques temáticos, y que el futuro


              estaba en las nuevas ciudades, construidas sobre


              sus cimientos átomo a átomo, con líneas de Toma


              tan integradas como los capilares en la carne. Los


              viejos vecindarios de Shanghai, sin líneas Toma o


              con las Tomas aéreas sostenidas sobre pilotes de


              bambú,  parecían  aterradoramente  inertes,  como


              un adicto al opio en medio de una calle frenética,

              arrojando  un  hilillo  de  humo  entre  los  dientes,


              contemplando  algún  antiguo  sueño  que  los


              ocupados  peatones  que  le  rodeaban  habían


              desterrado a alguna parte poco frecuentada de sus


              mentes.  Hackworth  se  dirigía  a  uno  de  esos


              vecindarios, tan rápido como podía andar.









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