Page 222 - La Era Del Diamante - Neal Stephenson
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monopatín  lo  bastante  estrecho  para  recorrer


              aquellas viejas calles. Pero no sabía qué vigilancia


              podía haber en un taxi de Shanghai. La salida de


              un caballero de Nueva Atlantis del Circo de Pulgas


              de madrugada sólo podía estimular la imaginación

              de  los  gendarmes,  que  habían  intimidado  a  los


              elementos criminales hasta tal grado que ahora se


              sentían  incómodos  y  buscaban  formas  de  di‐


              versificarse.  Los  sabios,  los  videntes  y  los  físicos


              podrían especular, si la había, sobre qué relación


              unía  el  increíble  rango  de  actividades  del


              Departamento  de  Policía  de  Shanghai  y  el


              cumplimiento de la ley.




                 Deplorable,  pero  Hackworth  lo  agradecía


              mientras  recorría  las  calles  del  asentamiento


              francés.  Un  grupo  de  figuras  atravesaba  la  in‐


              tersección que se encontraba unas calles más allá,


              con la luz sangrante de un mediatrón reflejándose


              en sus ropas de Nanobar, el tipo de atuendo que


              sólo  un  criminal  callejero  querría  llevar.


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