Page 321 - La Era Del Diamante - Neal Stephenson
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Era un antiguo gesto en China. La historia decía


              que a uno de los primeros emperadores le gustaba


              vestirse de  persona común y viajar por el Reino


              Medio  para  ver  cómo  les  iba  a  los  campesinos.


              Frecuentemente,  cuando  él  y  su  equipo  estaban

              sentados  en  una  mesa  en  alguna  posada,  él  les


              servía  el  té  a  todos.  No  podían  hacerle  una


              reverencia sin dejar clara su identidad, por lo que


              hacían aquel gesto, usando las manos para imitar


              el acto de arrodillarse. Ahora los chinos lo usaban


              para  darse  las  gracias  los  unos  a  los  otros  en  la


              mesa. De vez en cuando, el juez Fang se descubría


              haciéndolo, y meditaba sobre lo curioso que era ser

              chino en un mundo sin Emperador.





                  Se quedó sentado, con las manos ocultas en las


              mangas,  y  meditó  sobre  aquel  y  otros  temas


              durante varios minutos, viendo cómo se elevaba


              el  vapor  del  té  formando  una  niebla  que  se


              condensaba  alrededor  de  los  cuerpos  de  los


              micro‐aerostatos.


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