Page 326 - La Era Del Diamante - Neal Stephenson
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tubos de neón púrpuras y rosas. Hubiese sido muy
fácil arrancarla y sustituirla por algo mediatrónico,
pero disfrutaban sacando las escaleras de bambú y
colocando las letras de plástico negro en su sitio,
anunciando lo que hiciesen esa noche. A veces
bajaban la gran pantalla mediatrónica y pasaban
películas, y los occidentales venían de todo el Gran
Shanghai, vestidos con esmóquines y trajes de
noche, y se sentaban en la oscuridad viendo
Casablanca o Bailando con lobos. Y al menos dos
veces por mes, la Compañía Parnasse se subía de
veras al escenario y lo hacía: se convertían en
actores en lugar de ractores por una noche, luces,
pintura y disfraces. Lo más difícil era adoctrinar a
la audiencia; a menos que fuesen aficionados al
teatro, siempre querían subirse al escenario e
interactuar, lo que lo alteraba todo. El teatro en
vivo era un gusto antiguo y peculiar, más o menos
al mismo nivel que escuchar cantos gregorianos, y
no pagaba las facturas. Pagaban las facturas con
ractivos.
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