Page 379 - La Era Del Diamante - Neal Stephenson
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tiempo con ractivos para niños, tanto de niña como
de institutriz, y la superioridad de aquella cosa era
evidente: como coger un antiguo tenedor de plata
cuando llevabas veinte años comiendo con
utensilios de plástico, o meterse dentro de un ves‐
tido de noche a medida cuando estabas
acostumbrada a los vaqueros.
Esas y otras asociaciones le venían a la mente a
Miranda en los raros momentos en que entraba en
contacto con algo de calidad, y si no realizaba un
esfuerzo consciente por detener el proceso,
acababa recordando básicamente todo lo que le
había sucedido en los primeros años de su vida: el
Mercedes que la llevaba a una escuela privada, el
candelabro de cristal que sonaba como las
campanas de las hadas cuando lo tocaba, el
dormitorio revestido con una cama de cuatro co‐
lumnas con una colcha de seda. Por razones que
todavía no estaban claras, Madre se había alejado
de todo aquello para ir a lo que se consideraba
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