Page 467 - La Era Del Diamante - Neal Stephenson
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hombre considere la virtud como lo que se desa‐
rrolla en él. Puede que no la demuestre ni a su
maestro.» Le deseo buena suerte, magistrado.
Esa afirmación tuvo más o menos el mismo efecto
que si el Doctor X hubiese golpeado al juez en la
cabeza con una tabla: sorprendente sí, pero el
impacto venía con retraso.
—No estoy seguro de seguirle, doctor.
El Doctor X cruzó las muñecas y las expuso al
aire.
—Me rindo. Puede arrestarme. La tortura no
será necesaria; ya he firmado una confesión
completa.
Hasta entonces el juez Fang no había sabido que
el Doctor X tenía un sentido del humor tan
desarrollado. Decidió seguir jugando.
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