Page 72 - La Era Del Diamante - Neal Stephenson
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—En general, diría que encontramos las cosas
impredecibles y nuevas más interesantes.
—Eso es casi una tautología. —Aunque lord
Finkle‐McGraw no era dado a expresar
sentimientos de forma promiscua, parecía encan‐
tado del rumbo de la conversación. Se volvió hacia
la vista y miró a los niños durante un minuto,
retorciendo la punta del bastón en el suelo de la
isla como si todavía estuviese inseguro de su
integridad—. ¿Cuántos de esos niños cree que
están destinados a llevar vidas interesantes?
—Bien, al menos dos, señor; la princesa
Charlotte y su nieta.
—Es rápido, Hackworth, y sospecho que
también es capaz de ser retorcido si no fuese por su
carácter moral inquebrantable —dijo Finkle‐
McGraw, no sin cierta socarronería—. Dígame,
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