Page 891 - La Era Del Diamante - Neal Stephenson
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en una manta termogénica. No estaba el montón
de libros, papel y plumas, y sus nombres habían
desaparecido de la placa en la pared de la
habitación.
—Hace un hermoso día de primavera —dijo
la señorita Matheson— Cojamos algunas
dedaleras.
Atravesaron el campo de juego hasta el prado
donde crecían las campanillas, las dos chicas
caminando y la silla de ruedas de la señorita
Matheson la llevaba sobre sus inteligentes
ruedas.
—Carne enlatada —dijo la señorita Matheson,
murmurando para sí misma.
—¿Cómo dice, señorita Matheson? —dijo Nell.
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