Page 947 - La Era Del Diamante - Neal Stephenson
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interaccionar  unas  con  otras.  Una  vez  que  lo


             entendimos,  la  única  elección  ética  que  nos


             quedaba era decírselo a su mujer.





                 —Por supuesto. Tiene razón. De hecho, le doy


              las  gracias  —dijo  Hackworth—.  Y  no  me  es


              difícil entender los sentimientos de Gwen sobre


              compartir  fluidos  corporales  con  miles  de

              Tamborileros.





                 —No debe ser muy duro consigo mismo —


              dijo  Napier—.  Hemos  enviado  exploradores


              allá abajo.





                 ‐¿Sí?




                 —Sí. A los Tamborileros no les importa. Los


              exploradores contaron que los Tamborileros se


              comportaban de forma muy similar a la gente


              en  los  sueños.  «Límites  del  ego  muy  poco


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