Page 14 - Portico - Frederik Pohl
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Capítulo 2
Durante toda mi vida, desde que tuve uso de razón,
quise ser prospector. No podía tener más de seis años
cuando mis padres me llevaron a una feria en
Cheyenne. Bocadillos calientes y palomitas de soja,
globos de colores, un circo con perros y caballos,
ruedas de la fortuna, juegos, tiovivos. Y había una
tienda a presión de lados opacos en cuyo interior, una
vez pagado el dólar de entrada, alguien había
dispuesto una exhibición de objetos importados de los
túneles Heechee en Venus. Abanicos de oraciones y
perlas de fuego, auténticos espejos de metal Heechee
que podían comprarse por veinticinco dólares la pieza.
Mi padre dijo que no eran auténticos, pero para mí lo
eran. Sin embargo, no podíamos gastar veinticinco
dólares en uno de ellos. Y pensándolo bien, ¿para qué
quería yo un espejo? Cara pecosa, dientes salidos hacia
fuera, cabellos que yo cepillaba hacia atrás y ataba.
Acababan de encontrar Pórtico. Oí hablar de ello a mi
padre aquella noche en el aerobús, cuando
seguramente pensaba que yo dormía, y el tono ávido
de su voz me mantuvo despierto.
De no ser por mi madre y por mí, es posible que mi
padre hubiese encontrado la manera de ir. Pero nunca
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