Page 271 - Herederos del tiempo - Adrian Tchaikovsky
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Las manos de Lain se dirigieron inmediatamente
a su cintura, atándose los cinturones de
emergencia, y luego alargó los brazos para coger
a Holsten.
—¡Agarraos bien! —gritó alguien sin sentido del
ridículo.
Holsten miró atrás, hacia su asiento original,
cerca de la parte trasera de la lanzadera. Tuvo un
breve atisbo de la bodega de carga y vio los
movimientos desesperados cuando los
amotinados intentaron atarse bien. Entonces se
produjo un destello cegador que dejó una imagen
en su retina, y el suave avance de la lanzadera se
convirtió en un traqueteo… y desde fuera llegó
un rugido y pensó: La atmósfera. Hemos entrado en
la atmósfera. El piloto estaba maldiciendo
frenéticamente, luchando por no perder el
control, y los brazos de Lain aferraban a Holsten,
manteniéndolo pegado a ella, porque no había
conseguido atar todos los cinturones. Por su
parte, él se aferraba al asiento con tanta fuerza
como podía, mientras el mundo lo sacudía para
que se soltase.
Las puertas de la bodega de carga se habían
cerrado automáticamente. En ese momento no se
dio cuenta de que era así porque la mitad
posterior de la lanzadera había sido arrancada.
La parte delantera, la cabina, cayó hacia la gran
extensión verde del planeta a sus pies.
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