Page 316 - Herederos del tiempo - Adrian Tchaikovsky
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escuchó sus órdenes con adusta resignación.
Mirándola a la cara, Holsten se convenció de que
podía ver una desesperación terrible y desolada
oculta en sus ojos. ¿Qué estaba recibiendo,
después de todo? En el peor de los casos una
sentencia de muerte, en el mejor una cadena
perpetua. Un periodo de encarcelamiento que
sus hijos heredarían en cuanto saliesen de su
vientre.
Dio un respingo cuando alguien le puso la mano
en el hombro: Lain. Los dos, junto con Karst y su
equipo, habían salido recientemente de
cuarentena. El único beneficio de toda la
malhadada excursión de Scoles al planeta era que
no parecía haber ninguna bacteria ni virus ahí
abajo que constituyera un peligro inmediato para
la salud humana. ¿Y por qué sería de otra forma?
Como Lain había indicado, no parecía haber nada
remotamente humano ahí abajo que permitiera
incubarlos.
—Es hora de acostarse —le dijo la ingeniera—. La
última lanzadera ha salido, así que estamos listos
para partir. Mejor que estés en suspensión antes
de que detengamos la rotación. Hasta que
aumentemos la aceleración, la gravedad no será
fiable.
—¿Y tú?
—Soy la jefa de Ingeniería. Mi tarea es trabajar a
pesar de eso, viejo.
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