Page 410 - Herederos del tiempo - Adrian Tchaikovsky
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cama como un ángel y le traía un anuncio
milagroso.
En este día luce una nueva estrella en los cielos.
En este día ha nacido un salvador de la vida en la
Tierra.
Avrana luchó contra los sargazos de sus terrores,
esforzándose por volver a la superficie lo
suficiente como para entender qué le estaban
contando en realidad. Hacía un cierto tiempo que
no era realmente consciente, y dudaba de que
jamás lo hubiera sido. Albergaba confusos
recuerdos de una presencia oscura, de intrusos
que atacaban a su pupilo, el planeta a sus pies que
se había convertido en su destino, la suma total
de su legado. Un viajero había venido a robar el
secreto de su proyecto, para robarle la
inmortalidad que representa su nueva vida, su
descendencia, sus hijos los monos. ¿Era así? ¿O lo
había soñado? No podía separar los hechos de los
largos y fríos años del sueño.
—Se suponía que estaría muerta —dijo a la atenta
cápsula—. Se suponía que estaría aislada,
inconsciente. No se suponía que fuera a soñar.
—Doctora, el paso del tiempo parece haber
conducido a una homogenización de los sistemas
informáticos a bordo de la Cápsula Centinela.
Mis disculpas, pero estamos operando más allá
de nuestros párametros.
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