Page 544 - Herederos del tiempo - Adrian Tchaikovsky
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auténtica conmoción, pero combinada con una
especie de interés obsceno, como si incluso este
giro fuera a producir datos para sus estudios. El
rostro de Guyen, por supuesto, desapareció con
el resto de su cabeza y pintó de rojo la instalación
de grabación.
Sonó un gemido colosal cuyos ecos rebotaron por
la sala, se retorció y distorsionó y se redujo a
estática, pero se volvió a reconstruir
irregularmente hasta que por fin se convirtió en
una voz.
—¡Yo! —gritó Guyen al mismo tiempo que su
cadáver se derrumbaba en su nido de tubos y
cables—. ¡Yo! ¡Yo! ¡Yo!
Las luces se apagaron, volvieron a encenderse,
parpadearon. Las pantallas que llenaban la sala
se activaron súbitamente con vómitos aleatorios
de color y luz, fragmentos de un rostro humano,
y mientras la voz seguía tartamudeando:
—¡Yo! ¡Yo! ¡Mío! ¡Obedeced! ¡Yo! —Era como si
Guyen hubiese sido destilado hasta dejar solo los
impulsos básicos que siempre lo habían
motivado.
—¡Informe de daños! —El equipo de Lain había
subido al estrado, y accedió a la Gil a través de la
maquinaria que había allí—. ¡Karst, controla la
situación, cretino inútil!
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