Page 541 - Herederos del tiempo - Adrian Tchaikovsky
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mucho al equipo de Karst, y el espacio era
reducido.
—¡Debéis volver a entrar en suspensión! —
repuso Guyen—. ¡Tú, Vitas, y todos los vuestros!
—¡Y una mierda! ¿Y luego qué? —respondió
Karst—. ¿Crees que confío en ti?
—¡Yo seré la propia nave! —aulló Guyen—. Seré
todo. Tendré poder de vida y muerte sobre todos
los miembros de la especie humana. ¿Crees que
simplemente no entrar en suspensión te salvará
de mi ira, si me desafías? Obedéceme ahora y me
mostraré clemente.
—Comandante… —comenzó a decir Vitas. Por
encima del murmullo que se elevaba de la
congregación, Holsten intentó leer sus labios.
—¡Tú también, traidora! —Guyen le apuntó con
un dedo escuálido como una ramita.
Entonces Karst o uno de los suyos (Holsten no vio
quién) intentó apuntar con una pistola a Guyen,
y comenzó la lucha. Sonaron vanos disparos, que
arrancaron chispas del techo, y algunos se
abrieron paso entre la multitud, pero la situación
degeneró en un tumulto casi de inmediato, pues
las masas sin preparación pero fervientes se
lanzaron contra las escasas fuerzas de Karst.
Entonces fue cuando Lain eligió hacer su
movimiento.
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