Page 576 - Herederos del tiempo - Adrian Tchaikovsky
P. 576
mandatos divinos, a nadie se le había ocurrido la
idea del movimiento rotatorio. Ahora, unos
campos bioeléctricos hacen girar unas hélices de
metal que progresivamente alejan el Nido del
Cielo del suelo.
Algunos miembros de la tripulación se pegan a
las ventanas, deseosos de ver la ciudad mientras
esta se va encogiendo y pasa de ser una vasta
franja de civilización en capas a un garabato
informe como el dibujo de nudos de una cría. Su
ánimo es excelente y están emocionados. Portia
es la única que no lo comparte. Está seria,
ensimismada, intentando preparase para su
propia tarea. Busca alivio lejos de los demás, y
con cuidado anuda y desgrana un mantra que ha
acompañado a su pueblo durante siglos, las
antiguas y reconfortantes matemáticas del
primer mensaje. No es que ella sea una fanática
creyente atávica, sino que esa tradición la
reconforta y la calma, como sucedía con sus
lejanas antepasadas.
En el espacio delantero de la cabina, Viola da una
señal a su operadora de radio, y transmiten que
todo va bien. Allá abajo, en el distrito del Gran
Nido, Bianca recibirá su mensaje y enviará una
comunicación propia, no dirigida al Nido del
Cielo, sino a algo aun más lejano.
Bianca está saludando a Dios con un simple
anuncio: Estamos en camino.
575

