Page 46 - Ciencia Ficción - Selección 01
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que en aquel fecundo subcontinente, en la India, un


            extranjero nunca podía tener certeza de nada.


               —Perdone —dijo él tímidamente—. No creo haber

            entendido...


               Por  el  rabillo  del  ojo  estudió  al  hombre  que  la


            comadrona le había indicado. Era anciano y calvo,


            y el escaso pelo que quedaba en su cabeza formaba

            una  especie  de  aureola  que  enmarcaba  su  rostro


            profundamente arrugado.


               La  mayor  parte  de  los  indostanos,  según  había


            podido  comprobar  el  norteamericano,  solían

            engordar con la edad; pero aquél era muy enjuto,


            como Gandhi. Evidentemente, su aureola y aquella


            ascética apariencia podían justificar ya una fama de


            santidad.

               —Nuestro  santo  patrón  —repitió  la  comadrona,


            totalmente ajena al asombro de su interlocutor—. Es


            el doctor Ananda Kotiwala, y tiene usted una gran


            suerte al verle actuar. Hoy es el último día que lo

            hace, pues se retira de la profesión.


               Mientras trataba de comprender las observaciones


            que  le  hacía  la  mujer.  Chance  observó  casi  con


            descaro al anciano. Se dijo que podía disculpársele

            su tosquedad, ya que la galería que lindaba con la


            sala de partos era una especie de lugar público. Allí


            había parientes y amigos de las parturientas, y hasta


            diminutos  chiquillos  que  tenían  que  ponerse  de

            puntillas para atisbar a través del ventanal de doble


            vidrio. En la India no existía la intimidad más que







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