Page 69 - Ciencia Ficción - Selección 01
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Quemaban  ramitas,  raramente  carbón,  y  también


            excrementos  de  vaca  secos.  Los  ingenieros


            agrónomos  extranjeros  les  habían  aconsejado  que

            usaran los excrementos como abono, pero el calor


            del  fuego  estaba  más  cerca  de  su  presente  que  el


            misterio del aprovechamiento del nitrógeno por la


            tierra en las cosechas del año siguiente.

               Ahora, ignorando el frío, sin hacer caso del denso


            humo de la hoguera que subía hacia el techo y llena‐


            ba la sombría choza, Ananda Bhagat habló con tran‐


            quilizador  acento  a  la  temerosa  muchacha  de

            diecisiete  años  a  cuyo  pecho  se  aferraba  el  niño.


            Había mirado los ojos de éste, y de nuevo volvió a


            escudriñarlos... ¡Nada!


               No era la primera vez que había visto eso en aquel

            pueblo, ni era tampoco el primer pueblo donde ocu‐


            rría. Aceptó el hecho como una circunstancia de la


            vida.  Al  renunciar  a  seguir  llevando  su  apellido,


            Kotiwala  había  dejado  de  lado  los  prejuicios  de

            aquel doctor en medicina por el Trinity College, de


            Dublín,  que  preconizaba  la  aplicación  de  los


            criterios  científicos  más  estrictos  en  las  salas


            asépticas de un gran hospital urbano. Al cabo de

            ochenta y cinco años de vida, intuyó que sobre él


            pesaba una mayor responsabilidad, y se dispuso a


            asumirla.


               Mientras  observaba  inquisitivamente  el  rostro

            inexpresivo  del  pequeño  creyó  percibir  un  ruido


            sordo. La joven madre también lo oyó, y se encogió







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