Page 1089 - Seveneves -Neal Stephenson
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sonido,  así  que  casi  no  oía  nada  procedente  del


            exterior.




                    Eso no significaba que no oyera nada de nada.


            Podía oír el viento. Una expresión que no le hacía


            justicia al paisaje sonoro que transmitía la matriz



            de  altavoces  en  miniatura.  «El  cánido  olió  el


            bosque»  era  una  frase  completamente  diferente


            de  «El  hombre  olió  el  bosque»,  no  porque  las


            palabras  tuvieran  significados  diferentes,  sino


            porque  el  aparato  olfativo  del  cánido  era


            infinitamente  superior  al  del  hombre.  Siguiendo


            una            analogía               similar,             la        representación



            tridimensional  sónica  a  tiempo  real  del  viento


            generada  por  los  sistemas  del  planeador  y


            comunicada por los altavoces del casco estaba tan


            alejada  de  lo  que  podía  sentir  con  sus  oídos


            desnudos como el olfato del cánido en el bosque


            lo estaba del del hombre. El vehículo tenía lidares


            apuntando  en  todas  las  direcciones;  vigilaban  el


            aire  hasta  un  alcance  de  varios  centenares  de


            metros  y  percibían  sus  miríadas  de  corrientes,



            cortantes  y  vórtices.  Transmitir  toda  esa


            información mediante sonido era imposible, pero


            lo  que  comunicaba  era  más  que  suficiente  para


            decirle  a  Kath  Two  adónde  quería  ir:  es  decir,





                                                                                                        1089
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