Page 121 - Seveneves -Neal Stephenson
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circulación sanguínea. Amelia había dejado la
puerta entreabierta. Colgó el cartel de no molestar,
atrancó la puerta y se dejó caer en un sillón. Ella
seguía junto a la ventana, recostada sentada en el
ancho alféizar rústico. A aquella parte del hotel
no le daba el sol, pero entraba la luz del cielo
iluminándole la cara, dejando en evidencia las
primeras líneas de la edad bajo los ojos y
alrededor de la boca. Era estadounidense de
segunda generación, de origen hondureño,
alguna complicada mezcla de África, la India y
España, de grandes ojos, pelo ondulado, con
aspecto de pajarillo, pero con la naturaleza
optimista que debía poseer todo maestro, lo que,
dadas las circunstancias, era un buen rasgo.
—Bien, ya ha acabado —dijo—. Debe de haber
sido un alivio.
—En los próximos dos días tengo
programadas diez entrevistas —dijo—, para
explicar los porqués y los dóndes. Pero tienes
razón; eso es fácil comparado con dar la noticia.
—No es más que matemática —dijo ella.
—No es más que matemática.
—¿Y después? —preguntó ella.
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