Page 443 - Seveneves -Neal Stephenson
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cinta de manera que las piernas tenían que hacer
algo de trabajo. Se suponía que era bueno para los
músculos y los huesos. Amelia no dejaba de
mandarle correos preguntándole todos los días si
había hecho ejercicio. A él le gustaba hacerla feliz
respondiendo que sí.
Pocos minutos después de empezar la tanda
de ejercicios se le unió Luisa Soter, que acababa
de despertarse, ya que hacía el primer turno. Le
gustaba correr a primera hora, así que no era la
primera vez que se cruzaban. En las paredes de
aquel módulo cilíndrico habían montado seis
cintas; los pies apuntaban hacia fuera y la cabeza
se proyectaba hacia el centro, así que estaban
como los radios de una rueda, convergiendo en el
eje, lo que los juntaba y facilitaba la conversación.
Para gente extrovertida y social como Doob y
Luisa, era una maravilla; los más solitarios se
ponían auriculares y no apartaban la vista de una
tableta o un libro.
—¿Fuiste a Venezuela cuando recogías a los
arquinos? —le preguntó Luisa.
Su forma de dar énfasis a fuiste daba a
entender que Venezuela era un tema de
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