Page 49 - Seveneves -Neal Stephenson
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al que llamar—. ¿Alguien sabe decírmelo?
Los niños guardaban silencio y parecía que no
se encontraban bien.
Amelia levantó su carta de Judía y la rompió
por la mitad.
El doctor Harris se dirigía a su coche. Le sonó
el teléfono y se sobresaltó tanto que casi choca
contra un autobús escolar. ¿Qué le pasaba? Le
cosquilleaba el cráneo y comprendió que era el
pelo intentando ponerse de punta. Miró la
pantalla y comprobó que la llamada era de un
colega de Manchester. Rechazó la llamada y se
encontró mirando la ficha de contacto nuevo que
había estado creando para Amelia: una foto de su
cara, una silueta de perfil contra un conjunto de
luces de televisión, y su número de teléfono. Le
dio al botón de guardar.
Había sentido la misma sensación en el pelo
en otra ocasión, durante un safari en Tanzania,
cuando se había vuelto para comprobar que un
grupo de hienas lo miraba con toda su atención.
No le habían asustado las hienas en sí —animales
como aquellos, e incluso más peligrosos, andaban
por todas partes—; más bien, fue darse cuenta de
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