Page 647 - La Era Del Diamante - Neal Stephenson
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Los nombres de las tres Gracias, y las
concepciones de diversos artistas de las tres
damas, estaban grabados, pintados y esculpidos
con libertad en el interior y el exterior de la
academia de la señorita Ma‐theson. Nell apenas
podía mirar a un sitio sin verlas haciendo cabrio‐
las por un campo de campanillas,
distribuyendo coronas de laurel a los héroes,
elevando conjuntamente una antorcha hacia el
cielo, o iluminando brillantemente a las alumnas
receptivas.
Para Nell, la parte favorita del curriculum era
Talía, que disponía de una hora por la mañana y
otra por la tarde cuando la señorita Matheson
tiraba una vez de la vieja cuerda de la campana
que colgaba del campanario, propagando un
solo golpe doloroso a lo largo del campus,
entonces Nell y las otras chicas de su sección se
levantaban, saludaban a su profesora,
caminaban en una fila única por el corredor has‐
ta el patio, y luego echaban a correr en un caos
hasta que alcanzaban el Salón de la Cultura
Física, donde se quitaban los complicados, pesa‐
dos y molestos uniformes y se ponían
uniformes igualmente molestos, complicados
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