Page 1097 - La Patrulla Del Tiempo - Poul Anderson
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y era casi tan fuerte como cualquier hombre. Ella sería leal

           a su pobre tío. Su belleza rubia distraería a Castelar, y no


           esperaría demasiado peligro de una simple mujer. Entre

           ellos,  el  americano  podría  encontrar  o  producir  una

           oportunidad…



                 Después,  muy  a  menudo,  el  patrullero  se  maldijo.


           Pero realmente no fue él quien respondió, entre gimoteos

           y quejidos, al deseo del guerrero.



                 Mapas y coordenadas de las islas, que ningún hombre

           de la historia recorrería antes de 1535; unas descripciones;


           algunas  explicaciones  de  lo  que  la  muchacha  hacía  allí

           (Castelar  estaba  asombrado,  hasta  que  recordó  a  las

           amazonas de los romances medievales); algo sobre ella

           como persona; la probabilidad de que la mayor parte del


           tiempo estuviese rodeada de amigos, pero que hacia el

           final podría dar ocasionales paseos sola… Una vez más

           fue la mente inquisidora, la hábil mente carnívora, la que

           lo persiguió todo.




                 Había  caído  el  crepúsculo.  Con  rapidez  tropical  se

           convertía en noche. Las estrellas parpadeaban. Un jaguar

           rugió.



                 —Ah, bien. —Castelar rió, con alegría—. Has hecho

           bien, Tanaquil. No por tu propia voluntad; sin embargo,



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