Page 43 - La Patrulla Del Tiempo - Poul Anderson
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Charlie Whitcomb, en 1947. Recibió como respuesta una

           palabra —«Claro»— y se fue a buscar la máquina.




                 Era parecida a una motocicleta sin ruedas ni caballete.

           Tenía  dos  asientos  y  una  unidad  de  propulsión

           antigravitatoria.  Everard  situó  los  indicadores  para  la

           época  de  Whitcomb,  pulsó  el  botón  principal  y  se


           encontró en otro almacén.



                 Londres,  1947.  Se  quedó  sentado  un  momento,

           considerando el hecho de que en ese mismo momento, el

           mismo, siete años más joven, asistía a la universidad en


           Estados Unidos. Luego Whitcomb se apartó del vigilante

           y le estrechó la mano.



                 —Es agradable verte de nuevo, compañero —dijo. Su

           rostro macilento se encendió con la sonrisa curiosamente

           encantadora que tan bien conocía—. Y a Victoria, ¿eh?




                 —Supongo.  Sube.  —Everard  cambió  los  controles.

           Esta  vez  surgirían  en  una  oficina.  Una  oficina  muy

           privada.



                 Apareció de pronto a su alrededor. El mobiliario de

           roble, la gruesa alfombra y las llamas de gas encendidas


           produjeron  un  inesperado  efecto  de  pesadez.  La  luz

           eléctrica  era  una  opción  disponible,  pero  Dalhousie  &

           Roberts  era  una  empresa  importadora  sólida  y

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