Page 49 - La Patrulla Del Tiempo - Poul Anderson
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                 Esa  fue  la  primera  vez  que  Everard  comprendió  la


           realidad  del  viaje  en  el  tiempo.  Lo  había  entendido

           intelectualmente,  se  había  sentido  adecuadamente

           impresionado,  pero  era,  para  sus  emociones,  algo

           meramente exótico. Ahora, recorriendo un Londres que


           no  conocía  en  un  cabriolé  (no  un  anacronismo  para

           turistas,  sino  un  vehículo  en  funcionamiento,  sucio  y

           maltratado), oliendo un aire que contenía más humo que


           una  ciudad  del  siglo  XX  pero  no  vapores  de  gasolina,

           viendo las multitudes que pasaban a su lado —caballeros

           con sombrero de copa y bombín, peones sucios y mujeres

           de largas faldas, que no eran actores sino personas reales,


           seres humanos que hablaban, sudaban, estaban tristes o

           reían dedicándose a sus asuntos— comprendió con toda

           su  fuerza  que  estaba  allí.  En  ese  momento  su  madre

           todavía no había nacido, sus abuelos eran dos parejas de


           jóvenes sin asentar, Grover Cleveland era presidente de

           Estados  Unidos  y  Victoria  reina  de  Inglaterra,  Kipling

           escribía y la última revuelta india en América estaba por


           venir… Era como recibir un golpe en la cabeza.



                 Whitcomb lo aceptó con más calma, pero nunca tenía

           los  ojos  quietos  mientras  contemplaba  aquel  día  de  la

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