Page 939 - Limbo - Bernard Wolfe
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determinadas a entrar en los actos autolacerantes
(¡igualdad de derechos para siempre!) se
rebanaban su pecho derecho para hacer sitio
para el arco. Un catálogo infinito de mutilaciones
corporales. No es necesario profundizar en los
anales militares para probar que el hombre,
aparte cualquier otra cosa que pueda ser, es sin
lugar a dudas un animal automutilador. En un
cierto sentido, un amputado voluntario.
La lobotomía es presentada en esta historia
como otra técnica de automutilación destructiva.
(¿No es cierto a menos que sea voluntaria? Pero a
menudo es voluntaria. «La Operación de Ultimo
Recurso», en el Saturday Evening Post del 20 de
octubre de 1951, detalla horriblemente como un
hombre solicitó dicha cirugía. En el New York
Herald‐Tribune del 16 de enero de 1952 se cuenta
la historia de Frank di Cicco, estafador y
falsificador, el cual, mientras estaba cumpliendo
condena en la penitenciaría de Ohio, arregló las
cosas a fin de ser lobotomizado «en un esfuerzo
por liberarse de sus tendencias criminales»).
Había creído, sin embargo, que la primitiva
versión de lobotomía llamada aquí la
«Mandunga» era tan sólo una conveniente ficción
literaria. No es cierto: en esos campos literalmente
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