Page 937 - Limbo - Bernard Wolfe
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Mauricio  y  Reunión  y  Madagascar  y  todas  las



            derruidas  ciudades  africanas,  procedente  de  las


            tierras  de  los  pañuelos  de  seda  y  los


            electroencefalógrafos, la fuente de la historia... se


            movía algo.



                  Se  puso  en  pie,  protegiendo  sus  aterrados‐


            esperanzados  viejos  ojos  con  una  temblorosa  y


            huesuda mano. Había un punto oscuro allí, en el


            cielo. Avanzando hacia el este, hacia el sudeste.


            No  un  pájaro:  resplandecía  al  sol,  aquel  pájaro


            tenía plumas de aluminio. Estaba seguro de que


            se dirigía hacia allí, del mismo modo que se había


            dirigido hacía dieciocho años el pájaro metálico


            de Martine... encaminándose certeramente desde



            el  sol  como  un  dardo  envenenado  desde  una


            cerbatana,  directamente  hacia  la  isla  que  nunca


            había sido registrada en ningún mapa por ningún


            cartógrafo.



                  —Que  guerra  permanezca  siempre  en  otro


            lado  de  río  —susurró  el  anciano  en  inglés,  sin


            convicción. Inmediatamente se corrigió—: Que la


            guerra  permanezca  siempre  en  el  otro  lado  del


            río.


                  ¿Cuál era la prognosis para hoy?



                  La actividad de esta gente me interesó tan sólo


            como             una           ilustración                de         la        ley         de


                                                                                                      937
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