Page 936 - Limbo - Bernard Wolfe
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comer tapioca y empezaba a fumar ganja. Cuando



            uno se unía a esta historia cada día era distinto a


            los  demás  días  y  ya  no  había  más  arrulladora


            tranquilidad... uno no sabía qué esperar. Pronto


            moriría, podía sentir la prognosis en su pecho.


            ¿Qué ocurriría tras él? Sólo trastornos. Turbación.


            Gritos.  La  gente  estaba  empezando  a  gritar:  la


            pasada noche él también había gritado. Deseaba



            que Martine no se hubiera ido. Martine era bueno


            en tiempos de trastornos.


                  El anciano se rascó su pelambrera de recios y


            ensortijados cabellos blancos, buscando un picor


            que eludía a sus dedos, se inclinó con un suspiro,


            y  se  frotó  los  doloridos  pies  a  través  de  las



            zapatillas  de  cricket  que  en  un  tiempo  habían


            pertenecido  al  agregado  naval  británico  en


            Johannesburgo. Escuchó los hipertensos sonidos


            de la jungla, frunciendo el ceño. Miró con envidia


            al viejo océano desprovisto de tono: sería bueno


            ser  como  el  océano,  plácido  como  la  tapioca.


            Deseó tener un poco de tapioca a mano en aquel



            momento.


                  Entonces  se  produjo  el  sobresalto:  hacia  el


            oeste,  allá  arriba,  donde  el  sol  estaban


            hundiéndose  en  la  mancha  de  llameante  vacío


            azul  por  encima  del  horizonte,  en  dirección  a



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