Page 326 - El Leon De Comarre/ A la caida de la noche - Arthur C. Clarke
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había dado aquel nombre para ser reconocido por él y se
encontraba entre sus recuerdos natales. Esos recuerdos
eran muy escasos y comenzaban en un simple punto del
tiempo, pero eran claros como el cristal.
De nuevo los débiles pensamientos llegaron a su
conciencia en forma de preguntas.
—¿Dónde están «Los Grandes»? ¿Es usted uno de
ellos?
No lo sabía. No podían creerlo apenas y en su
desilusión se hizo más palpable el abismo que separaba a
aquellas mentes de la suya. Pero eran pacientes y él se
sentía dichoso tratando de ayudarles, pues su búsqueda
era la misma que la suya y le habían dado la única y
primera compañía que había conocido.
En toda su vida Alvin no creía volver a sentir la extraña
sensación que le causó la experiencia de aquella
conversación silenciosa. Le resultaba difícil admitir que era
apenas un espectador pues no quería reconocer, ni siquiera
a solas consigo mismo, que la mente de Theon era más
poderosa que la suya propia. Pero ciertamente lo único que
podía hacer era esperar y admirarse por el torrente de
pensamientos, que se hallaban por encima del límite de su
comprensión y entendimiento, que se cruzaban entre ese
«algo» desconocido y la mente telepática de su amigo.
Theon, un tanto pálido y excitado, rompió de pronto el
contacto telepático y se volvió a su amigo.
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