Page 325 - El Leon De Comarre/ A la caida de la noche - Arthur C. Clarke
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aquellas dos mentes, una era más accesible y simpática que
la otra. Sabía que ambas estaban sorprendidas por su
presencia y esto a su vez le sorprendió mucho. Resultaba
duro de creer que pudieran olvidar. El olvido, como la
muerte, eran cosas que escapaban a la comprensión de
Vanamonde.
La comunicación resultó difícil. Muchos de los
pensamientos‐imágenes de sus mentes eran tan extraños
que casi no podía reconocerlos. Estaban intrigados e
incluso un poco asustados, debido a la marca del terror
recurrente ancestral de los Invasores. La situación de
aquellas dos mentes le recordó a Vanamonde sus propias
emociones cuando, por vez primera, el Sol Negro entró en
su campo de conocimiento.
Pero estas dos mentes no sabían nada del Sol Negro y
estaban comenzando a formar en sus mentes sus propias
preguntas:
—¿Qué es usted?
Les dio la única respuesta que le resultaba posible:
—Soy Vanamonde.
Se produjo una pausa (¡cuánto tiempo tardaban en
formarse sus pensamientos!) y la pregunta fue hecha de
nuevo. No lo habían entendido, lo que resultaba extraño
pues desde luego estaba convencido de que su especie le
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