Page 693 - Mundos En El Abismo - Juan M. Aguilera
P. 693
hubieran tenido que ir cuidando de él,
siguiendo sus torpes movimientos por el
espacio. Pero Hari no soportaba permanecer
más tiempo encerrado en el claustrofóbico
transbordador. Deseaba salir, hacer algo,
jugar a ser útil. Pero, sobre todo, contemplar
a aquellas milagrosas criaturas directamente,
y no gracias a los aparatos electrónicos del
Imperio.
Realmente eran unas bestias maravillosamente
indolentes.
Carecían de rasgos (rostro, ojos, hocico,
etcétera) que uno pudiera humanizar. Eran
simplemente gruesos husos verdosos de un
kilómetro de largo, con un orificio cerrado por
un esfínter en cada extremo, y un amplio disco
reflectante semejante a la cola de un pavo
real, cruzado por un delicadísimo encaje de
nervios azules que le permitían plegarlo o
desplegarlo a voluntad. El conjunto confería al
animal una personalidad serena y majestuosa,
que Hari captó inmediatamente a pesar de la
692

