Page 715 - Mundos En El Abismo - Juan M. Aguilera
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delirante. Sobre una llanura casi desértica


           corrían frenéticas cientos de máquinas con


           brazos, piernas, pinzas, tentáculos, ruedas,


           palas, taladros. Escudriñaban el suelo, el cielo


           y en torno suyo con lentes, micrófonos,


           antenas en forma de plato. Taladraban el suelo



           como insectos chupadores de sangre. Algunas


           parecían               desmontadas                      y       sometidas                  a


           reparación, o tal vez eran ensambladas por vez


           primera. Sobre ellas volaban otras, con


           hélices, chorros, o cohetes.


           El efecto era el de un hormiguero colosal. Se


           movían en todas direcciones, pero nunca



           tropezaban unas contra otras, como en un


           imposible ballet.


              En el centro de aquel hormiguero estaba la


           reina:            la        Ciudad,              como             la        llamaban


           reverentemente                           sus           habitantes.                    Una


           gigantesca estructura de más de diez


           kilómetros de diámetro, que se arrastraba


           pesadamente sobre una base de miles de


           orugas mecánicas, y que era asistida por





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