Page 764 - Mundos En El Abismo - Juan M. Aguilera
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recostado en una litera, se puso en pie y


           avanzó hacia él.


           Han observó consternado el rostro de


           Isvaradeva. En aquellos pocos meses el joven


           Comandante parecía haber envejecido diez


           años.



              - ¿Has venido para saborear tu triunfo?


           ¿Para disfrutar de las consecuencias de tu


           traición?


              Han bajó los ojos, y durante un momento


           sintió que sus fuerzas le abandonaban. Las


           rodillas se le doblaban, y sus piernas a duras


           penas conseguían seguir sosteniendo su peso.



              - Tienes razón, Comandante, soy un traidor.


           Un traidor mayor de lo que jamás podrías


           concebir.


              Sin darle a Isvaradeva tiempo para


           reaccionar, Hari introdujo una mano en uno de


           los pliegues de su hábito, extrajo una larga y


           afiladísima aguja, y giró sobre sí mismo


           clavándola en el pecho del atónito guardia


           Sikh.





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