Page 765 - Mundos En El Abismo - Juan M. Aguilera
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El soldado se derrumbó silenciosamente, con
el corazón perforado por la mortal aguja, como
si no fuera más que un hábito vacío.
Han se quedó inmóvil, observando al Sikh
muerto, y a la brillante aguja que sobresalía de
su pecho, como si él hubiera sido un simple
testigo, y no el autor, de aquella muerte.
Se volvió hacia Isvaradeva, y alzó una mano
suplicante. La mano se cerró en un puño, su
rostro se crispó de dolor, y Hari cayó como un
roble herido de muerte.
Isvaradeva saltó, recogiendo al hermano, y
evitando que golpeara su cabeza contra las
planchas de acero. Depositó a Hari en el suelo
con cuidado, y buscó frenéticamente su pulso.
- ¡Rápido, Ajmer, no respira!
El oficial médico se plantó junto a él en un
par de saltos, tras reconocer rápidamente a
Han, desabotonó la parte delantera de su
túnica, y le aplicó al religioso un vigoroso
masaje cardíaco.
- ¡Ha sufrido un ataque al corazón...! - dijo,
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