Page 104 - Las Naves Del Tiempo - Stephen Baxter
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tal mantas para cubrirme al dormir, si he de
permanecer aquí?
—Silla. —Le había llevado un segundo contestar,
como si buscase la palabra en un diccionario
invisible.
Hice otras peticiones. Necesitaba más agua fresca,
dije, y algo equivalente al jabón; y pedí —esperando
que me la denegasen— una navaja para afeitarme.
Nebogipfel se fue. Cuando volvió trajo mantas y una
silla; y después de mi siguiente periodo de sueño
encontré una bandeja más, la tercera, que contenía
más agua.
Las mantas estaban hechas de una sustancia suave,
de fabricación demasiado delicada para averiguar si
habían sido tejidas. La silla —una cosa simplemente
recta— por su peso podría haber sido de madera
ligera, pero su superficie roja era recta y no tenía
defectos, y no pude arrancar la pintura con la uña ni
encontrar uniones, clavos, tornillos o molduras;
parecía haber sido construida de una sola pieza por
un proceso desconocido. Por lo que respecta al baño,
el agua extra vino sin jabón, y no hacía espuma, pero
el líquido tenía un tacto suave, y sospeché que lo
habían tratado con algún detergente. Por un pequeño
milagro, el agua estaba tibia, y permaneció así
durante todo el tiempo.
No me trajeron la navaja. ¡No me sorprendió!
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