Page 106 - Las Naves Del Tiempo - Stephen Baxter
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incluso  algo  más  remoto,  quizá  como  yo  podría


           vigilar los movimientos de un pájaro al construir su


           nido.


           Y así pasaron los siguientes días —creo que cuatro o


           cinco— mientras intentaba explicar a Nebogipfel el


           funcionamiento de la Máquina del Tiempo y trataba


           de sonsacarle algunos detalles de la historia en que



           había caído.


           Describí las investigaciones en óptica física que me


           habían  llevado  al  descubrimiento  del  viaje  en  el


           tiempo.


           —Se empieza a ver, o se empezaba en mi época, que


           la propagación de la luz tiene propiedades anómalas


           —dije—.  La  velocidad  de  la  luz  en  el  vacío  es



           extremadamente alta, viaja cientos de miles de millas


           cada segundo, pero es finita. Y, aún más importante,


           como quedó demostrado claramente por Michelson y


           Morley unos años antes de mi partida, esa velocidad


           es isotrópica...


           Me preocupé de explicar con claridad ese asunto. Lo


           esencial es que la luz, al viajar por el espacio, no se


           comporta  como  un  objeto  material,  como,  por


           ejemplo, un tren.



           Supongan que un rayo de luz de una estrella lejana


           llega a la Tierra, digamos en enero, mientras nuestro


           planeta  realiza  su  órbita  alrededor  del  Sol.  La


           velocidad de la Tierra en su órbita es de unas setenta


                                                                                                             106
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