Page 364 - Las Naves Del Tiempo - Stephen Baxter
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Nebogipfel  se  quedó  allí,  ya  que  los


                  Morlocks  no  duermen  como  nosotros,  y


                  pidió papel y lápiz (le tuvimos que enseñar


                  a utilizar la goma y el afilador).


                  Me tendí, caliente en la cama estrecha, con


                  la  ventana  cerrada  y  el  aire  cada  vez  más


                  cargado. Más allá de las paredes, los sonidos



                  del  Londres  azotado  por  la  guerra


                  retumbaban hasta los confines de la Bóveda,


                  y a través de las aberturas de la cortinas vi


                  el  parpadeo  de  las  nuevas  lámparas  del


                  ministerio en lo más profundo de la noche.


                  Oí a Nebogipfel  moverse  por  el cuarto  de


                  estar;  aunque  parezca  extraño,  sentí



                  tranquilidad al oír el sonido de los pequeños


                  pies del Morlock al moverse de un lado para


                  otro, y en el rasgueo torpe del lápiz sobre el


                  papel.


                  Finalmente, me dormí.





                  Había  un  pequeño  reloj  sobre  la  mesa  al


                  lado de la cama que me indicó que me había


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