Page 387 - Las Naves Del Tiempo - Stephen Baxter
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más grotesco, como si estuviese sentada y
brillase complacida. Entramos en el parque
por Alexandra Gate, volvimos al Albert
Memorial y continuamos por Lancaster
Walk hacia el norte. Frente a nosotros podía
ver el parpadeo del rayo de la Máquina
Parlanchina contra el Techo, y oír el eco
lejano de la voz amplificada.
Wallis siguió hablando mientras
caminábamos. Era un buen acompañante, y
comencé a entender que era el tipo de
hombre que —en una historia diferente—
podía haber considerado un amigo.
Recordaba Hyde Park como un lugar
civilizado: atractivo y tranquilo, con
amplios paseos y árboles desperdigados.
Algunas de las características que recordaba
seguían allí —reconocí la cúpula verde
cobriza del quiosco de música, donde podía
oír a los mineros galeses cantar himnos al
unísono—, pero esa versión del parque era
un lugar de sombras, rotas sólo por las islas
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