Page 481 - Las Naves Del Tiempo - Stephen Baxter
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. Quería que la viese —me dijo—; esperaba
que la reconociese. Me resulta
agradablemente fácil retorcerle las narices a
esos pomposos ingleses, con sus juntas
directivas de esto y aquello, ¡que no podrían
reconocer un tesoro bajo sus propias
narices! Y ahora será su billete para salir de
este valle de lágrimas, ¿no?
—Así lo espero —dije fervoroso—. Oh, así
lo espero.
—Entonces, ¡vengan! —gritó—. Al taller de
VDT. —Sostuvo la plattnerita en alto como
un faro y nos guió fuera de la oficina.
Una vez más penetramos en el laberinto de
corredores de hormigón. Wallis tenía razón:
todos los guardias habían abandonado sus
puestos y, aunque nos encontramos con uno
o dos científicos de bata blanca o técnicos
que corrían por los pasillos, no hubo ningún
intento de detenernos o preguntarnos
adónde íbamos.
Luego —¡booom!—, un nuevo impacto.
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