Page 708 - Las Naves Del Tiempo - Stephen Baxter
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la bestia diese la vuelta. La gran criatura
salió del claro y volvió al bosque; los
músculos de las piernas funcionaban como
pistones.
Nebogipfel se unió a mí, con la cabeza casi
perdida bajo un gran sombrero de ala ancha.
—Es un gran logro —le dije—. Pero, ¿ves?,
apenas puede controlarlo...
—Ganará —dijo Nebogipfel—. Los
humanos siempre lo hacen. —Se acercó más
a mí y su pellejo blanco brilló bajo la luz del
sol de la mañana—. Escúchame.
Me sorprendió ese súbito susurro
incongruente.
—¿Qué? ¿Qué pasa?
—He terminado mi construcción.
¿Qué construcción?
—Me voy mañana. Si quieres unirte a mí,
serás bienvenido.
Se volvió y, sin hacer el más mínimo ruido,
se adentró en el bosque; en un momento el
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