Page 709 - Las Naves Del Tiempo - Stephen Baxter
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blanco de su espalda se perdió entre la
oscuridad de los árboles.
Yo me quedé allí de pie, con el sol dándome
en el cuello, siguiendo con la mirada al
enigmático Morlock; era como si el día
hubiese quedado transformado; mi mente
estaba en perfecta confusión, porque lo que
quería decir estaba claro.
Una mano pesada se posó en mi espalda.
—Bien —dijo Stubbins—, ¿cuál es ese gran
secreto tuyo?
Me volví a él, pero durante algunos
segundos me fue difícil centrarme en su
cara.
—Ven conmigo —dije al final, con todo el
vigor y buen humor que pude reunir.
Unos minutos más tarde, Stubbins —y el
resto de los colonos levantaban cáscaras
llenas hasta el borde con mi licor casero de
leche de frutos.
El resto del día transcurrió en una deliciosa
confusión. El licor resultó ser más que
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